Más acuerdos, nuevas hectáreas y fortalecimiento de alianzas que restauran el corredor Sierra Nevada–Ciénaga Grande de Santa Marta

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Más acuerdos, nuevas hectáreas y fortalecimiento de alianzas que restauran el corredor Sierra Nevada–Ciénaga Grande de Santa Marta

En las microcuencas de los ríos Frío y Sevilla, familias cafeteras, trabajadores y productores del sector bananero y organizaciones ambientales consolidan un modelo de gobernanza hídrica que impulsa las soluciones basadas en la naturaleza y la reconversión productiva del territorio.

En las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde los relieves montañosos se  desvanecen hasta encontrarse con el complejo lagunar de la Ciénaga Grande, se traza hoy un camino hacia la sostenibilidad y resiliencia territorial. La degradación de los ecosistemas, la deforestación y la falta de articulación entre los pobladores amenazan, desde hace años, la estabilidad de las fuentes hídricas que abastecen a la región.

«La situación de nuestro corregimiento era difícil porque se hablaba mucho de conservación, pero nadie tomaba las riendas. Vivíamos en una constante pérdida de identidad y de cultura respecto a nuestras cuencas», recuerda Juan Pablo Padierna, líder comunitario del sector de San Pedro de la Sierra, vereda Palmichal Bajo. 

Sin embargo, este panorama comenzó a transformarse desde 2021 mediante el esfuerzo colectivo articulado en la Plataforma de Custodia del Agua (PCA) en las cuencas que  conectan la Sierra Nevada y la Ciénaga. A través del proyecto «Restauración en áreas estratégicas del corregimiento de San Pedro de la Sierra y las quebradas Palmichal y Guandusaca, tributarias del Río Frío», se ha estructurado una alianza sin precedentes entre comunidades campesinas, familias cafeteras, la agroindustria bananera y entidades ambientales.

Resultados que transforman el paisaje

La iniciativa ha motivado a los habitantes de las comunidades mediante acciones concretas sobre el territorio. «Cuando inició la implementación del proceso, muchas fincas estaban apáticas, no creían en lo que se podía hacer. Pero después de que empezaron a ver los resultados, la integración, los trabajos comunitarios de siembra y la importancia de mantener vegetación nativa dentro de las propiedades, muchas personas despertaron el interés y quisieron participar», relata Padierna.

Al corte de julio de 2026, el proyecto refleja un balance alentador en las microcuencas de Palmichal y Guandusaca:

  • Caracterización y Acuerdos de Conservación: en el último año se han evaluado 18 predios. En el acumulado histórico, la intervención suma 45 propiedades caracterizadas, de las cuales 32 cuentan con Acuerdos Voluntarios de Conservación (AVC) firmados e implementados.
  • Hectáreas intervenidas: el proyecto acumula 296,3 hectáreas bajo procesos de restauración (108,7 ha activas y 187,6 ha pasivas), alcanzando la siembra de más de 17.100 árboles pertenecientes a 37 especies nativas. Actualmente y otras 13 ha avanzan en su fase final de siembra.
  • Producción y rescate de flora local: a través del vivero Los Nogales y unidades de propagación familiar como la ubicada en el predio Nazareth, se prioriza la recolección de semillas y el rescate de plántulas. De un pedido total de 15.000 unidades, ya se seleccionaron e ingresaron 3.002 plantas de alto valor —entre las que destacan cedro, nacedero, balso, chachafruto y caracolí— destinadas al enriquecimiento forestal.

Tecnología limpia e incentivos para el campo

El éxito del programa radica en vincular la protección de los ecosistemas con el bienestar económico de las comunidades. Mediante las Herramientas de Manejo del Paisaje (HMP), que abarcan enriquecimiento de bosques, aislamientos, siembras protectoras en nacimientos y rondas hídricas, sistemas agroforestales, la propia naturaleza contrarresta la contaminación y la erosión y asegura la disponibilidad de agua en la cuenca.

Para afianzar este compromiso, la iniciativa estructuró un esquema de incentivos orientados a la reconversión en distintos procesos productivos:

  • Procesamiento ecológico del café: en 2026 se concertaron insumos con 10 propietarios. La oferta incluye módulos clasificadores ecológicos y desmucilaginadores industriales que, en otras palabras, son máquinas que permiten despulpar y lavar el grano en seco o con un consumo hídrico mínimo, reduciendo significativamente el vertimiento de aguas mieles a las quebradas.
  • Almacenamiento y gestión de residuos: otras familias acordaron la adquisición de procesadoras de pulpa para la elaboración de compostaje y tanques en geomembrana con capacidad para 15.000 litros de agua.
  • Dotación técnica: En alianza con el proyecto Paisajes Sostenibles HeCo y la Embajada del Reino de los Países Bajos, se entregaron kits de herramientas a 48 familias restauradoras en San Pedro de la Sierra y Nueva Granada, Siberia.

Una gobernanza que une a la cuenca

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Una de las principales innovaciones conceptuales del proyecto ha sido la construcción de un espacio de diálogo intersectorial. Por primera vez, los caficultores de las partes altas dialogan de manera directa con los empresarios, trabajadores y productores del sector bananero de las zonas bajas para coordinar la gestión del agua.

«Trabajar con personas de la zona bananera de la parte baja, media y alta nos ha permitido identificar nuestras necesidades y miedos con respecto al cambio climático. La interacción entre diferentes productores ha hecho que entendamos que todos estamos buscando el mismo objetivo», reflexiona Padierna.

Dora Milena Zapata Grajales, Gestora Mosaico Caribe de WWF-Colombia, resalta que este trabajo articulado consolida la integridad territorial: «El esfuerzo conjunto entre empresas y organizaciones de las cadenas de valor de banano y café, las comunidades y la Red WWF representa una visión de cuenca cada vez más fortalecida. Esto genera mayor impacto, optimiza los recursos y reconoce los saberes locales«.

Desde el gremio agroindustrial, Camelia Estupiñán (Fundación Social BANARICA) subraya el valor de esta cohesión: «Destaco la entrega de los campesinos de la zona alta para la conservación de las áreas estratégicas, pilar fundamental en la recuperación del Río Frío. Resalto la constancia de las instituciones que impulsamos este convenio desde 2021 y la llegada de nuevos actores de la zona bananera que nos sumamos al presenciar el impacto transformador del proyecto».

Después de 5 años de implementación, el proyecto cuenta con la participación de 12 socios con diferentes enfoques y unidos por un propósito común:  WWF, Fundeban, Uniban Fundación, Fundación Grupo Agrovid, Asocoomag, Asoriofrío, Corcialey, Coremac, Corpounibana, Corpovega, Fundabanarica y la Corporación Paisajes Rurales, y con aliados como el Comité departamental de Cafeteros del Magdalena y Parques Nacionales Naturales, en el marco de la Plataforma de Custodia del Agua que ha venido fortaleciendo la gobernanza y la acción colectiva en este territorio desde 2015.  

Nuevas inversiones y metas de futuro

La confianza depositada por las entidades socias continúa atrayendo capitales para dar sostenibilidad al proceso. De hecho, recientemente cooperativas y corporaciones de trabajadores del sector bananero, que vienen siendo socias del proyecto, se comprometieron con nuevos fondos que financiarán la incorporación de 8 hectáreas adicionales en proceso de restauración entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

A esta expansión en cobertura se suma la expectativa comunitaria por la transformación tecnológica en los procesos productivos de la parte alta de la montaña. Para campesinas como Kelis Johana Cantillo Gulfo, habitante de la vereda Palmichal Alto y quien participa en la iniciativa desde sus inicios en San Pedro, el acceso a maquinaria limpia es determinante para proteger los nacimientos de agua de sus predios. 

«Para quienes estamos en la parte alta de la Sierra Nevada de Santa Marta, contar con procesadores de cereza es fundamental; muchos caficultores no tenemos esta tecnología y, en cosecha, las aguas que van al Río Frío sufren contaminación. Recibir estos equipos será un impacto verdaderamente transformador«, dice Cantillo.

En el corto plazo, los equipos técnicos se alistan para planificar nuevas jornadas de siembra teniendo en cuenta las condiciones climáticas, dar seguimiento a la producción en viveros e instalar la maquinaria agrícola concertada. Como concluye Padierna, el anhelo compartido de los pobladores es expandir este beneficio a más rincones del territorio: «Sería muy valioso abarcar más veredas y fincas… contribuir desde nuestro conocimiento local y profesional a que las condiciones ambientales mejoren y alcancemos un índice de sostenibilidad muy alto en nuestro corregimiento».

Las proyecciones a mediano plazo apuntan a escalar este modelo integral a una dimensión territorial aún mayor. La Plataforma de Custodia del Agua prevé consolidar alianzas que permitan intervenir 9.597 hectáreas en los próximos cinco años dentro del corredor ambiental Sierra – Ciénaga.